Hace unos días les platiqué que yo rara vez presto mis libros debido a una mala experiencia que tuve con mi libro de Buscando a Alaska.

Para los que llevan tiempo conmigo saben que John Green es de mis autores favoritos y el primer libro que leí de él fue Buscando a Alaska, de hecho la historia de como llegó a mis manos es un poco curiosa, les dejo aquí como fue.


Como a mi me encantó y me hizo reflexionar mucho se lo presté a una amiga que andaba medio animándose a leer.

Antes que nada consideremos que a esta amiga ya le había prestado uno o dos libros y uno me lo regresó con la pasta dura despegada del lomo, la verdad me dolió un poco pero me dije "Chilax Lau, obviamente por uso se parte el lomo, es normal", así que de cierta forma no tenía razones para no prestarlo.

Bueno, resumiendo esta historia trágica, porque sino me pongo a llorar, resulta que mi amiga se saltó al final y como sabrán los que ya lo leyeron, eso arruina todo el libro. Total que ya no le convenció el libro pero dijo que como quiera lo quería leer completo así que se lo quedó otro rato.

A las semanas que me subo a su carro y lo tiene en los pies del asiento del copiloto con la portada doblada por la mitad. Casi casi se me salé la lagrimita y le pregunté que si ya lo habia acabado y me dijo que todavía no.

Mi libro no lo he vuelto a ver y cada vez que hablo con mi amiga le digo que ya lo regrese, pero parte de mí dice que ya lo olvide y otra dice que se lo pida para tener aunque sea el recuerdo de mi primer libro del autor.

Pero eso si, a partir de ese momento nunca he vuelto a prestar un libro tan libremente.

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